domingo, 18 de septiembre de 2011

Crónicas de Servidor - I

“Perdone que no me levante”, reza el epitafio de Groucho Marx. Permítaseme parafrasear a este grande del humor absurdo con una frase cómo “perdone que no actualice”, pero resulta ser, querido lector, que tengo una vida que atender con asuntos que me gustan más y otros que me gustan menos. Una vida con tristes obligaciones, vaya. Por desgracia no todo es música en el mundo.

¿De qué voy a hablar hoy? Pues teniendo en cuenta que escribo esta entrada para quitarle las telarañas a las pobres y mal elegidas fotos de la difunta Amy Winehouse y por vergüenza de abandono –como el que es padre de penalti, pero qué menos que hacerse cargo del churumbel- hacia el blog, hablaré de todo y de nada. Mencionaré por ejemplo, la retirada absoluta y definitiva –la tercera retirada absoluta y definitiva- de uno de los grandes de nuestra música como es Miguel Ríos. Mencionaré de pasada que me arrepiento profundamente de que aquel plan de viaje a Barcelona con Machete no cuajase, pues nos perdimos a The Pretty Reckless y su concierto con efecto invernadero y calentamiento global incluido. No me olvidaré de la gran portada de este mes de la Rolling Stone España, con Kurt Cobain como protagonista y reivindicaré cual rebelde sin causa que en la discoteca a la que suelo ir hayan cerrado la sala llamada Club Du Pop, para poner música electrónica. Muerte a la masificación de chusma musical que está acabando con los temazos en las salas.

Y es que ayer solo iba a tomarme unas cañas y me lié. Cené con unos colegas y después nos acercamos al pub al que voy todos y cada uno de los viernes con un amigo a jugar unos billares y bebernos un par de cervezas mientras hacemos planes imposibles y nos reímos de la tontería más grande, un pub donde antes la música me gustaba más. Metallica, Guns n’ Roses, Love of Lesbian, The Police, Oasis, Sabina. Ahora ponen Pitbull, Lady Gaga, Justin Pollas y todo ese rollo. Estás cayendo muy bajo, “1800”... Pero no nos vayamos por las ramas. Jugué una partida al billar contra mi rival de cada viernes: Jordi Marenyà; gafapasta y futbolista. Empecé aplastando, solo me quedaba la negra y al otro pringo cuatro bolas, estaba “on fire”, las metía todas, me sentía capaz de enseñarle a ligar a Falete, pero algo falló. Solo me quedaba la negra y debía meterla en la tronera dos. Tiro. Se hace el silencio. De repente el mundo se pone en cámara lenta. La bola avanza inexorable hacia su destino, hacia mi victoria absoluta, pero algo falla por dos milímetros y le doy a un canto de la tronera. Al otro canto. Putos cantos. La bola rebota en un ángulo imposible que la lleva en dirección hacia la tronera tres. Entra en dicha tronera. Derrota total y absoluta. Deshonra para mí, para mi familia, para los gatos de mi maset y para mi pingüino si lo tuviese. Menos mal que en futbolín recuperé mi honor haciendo callar a Jesús y a Valle, a quienes se les estaban subiendo los humos hasta el nivel “partirles la cara”.

Después una cerveza y al Bingo. Super triste lo del bingo. Entre los nueve que éramos nos hicimos como treinta cartones y ni una miserable línea, pero nos lo pasamos bien insultando y recordando los árboles genealógicos de quienes cantaban algo. También nos reímos de la rancia que vendía cartones. “Ahora os devuelvo” dijo con cara de perdonarnos la vida. “Espero que así sea por los cuatro telediarios que te quedan, vieja zorra”, pensamos todos los de mi mesa –este pensamiento unilateral es una hipótesis que lanzo yo ahora y que está por confirmar-.

Al final caímos en la cuenta de que nos podíamos arruinar en cartones porque no nos iba a tocar nada ni amañando la pedrea y mis colegas decidieron que era hora de irse de discoteca. Pensé que estaban todos locos y que yo me iba a dormir, pero un cuarto de hora más tarde estaba duchado y vestido para salir a matar. Soy alguien con las cosas claras.

Nos llaman por teléfono ¿quién es? Un orco. No espera, es una chica. Sí, es la relaciones de Namala. Pobrecita... Joder, diez pavos y ni dos consumiciones, ni nada. ¡Rancios!. Al final llegamos al parking y éramos buena tropa, a saber: Fabra, Marenyà, Jojundo, Valle, Jesús, Lentejita, Alba, Jony Macarroni, Gasol, Escori y yo. El tema es que pasamos por la puerta con el coche y había alrrededor de mil chicas agolpándose para entrar. ¿Qué hacéis, inocentes corderillas? Si todavía no he bajado del coche. Pero al final no me esperaba a mí, sino que había entrada gratis para tías hasta las dos. ¿Qué significaba eso? Yo te lo diré, estimado lector, que iba a estar lleno de chungos desesperados por conseguir un polvo con alguna tía demasiado borracha para recordarles después. Precioso panorama.

Al entrar la cosa mejoró un poco viendo que había un ambiente bastante aceptable y que estaba abierto el Club, pero cual fue nuestro disgusto al subir y escuchar un ruido desagradable llamado “house”. “Caca”, le diría a un tierno y adorable niño, “Puta mierda”, les dije a estos. Hay gente que no necesita beber para pasárselo bien, yo no necesito pasármelo bien para beber, así que me pillé una ginebra con limón que Monfort, en un acto equiparable al montaje del foco de Sorita, me tiró al suelo de un codazo cuando solo llevaba dos tragos. Menos mal que después me lo compensó de manera heterosexual.

Después vi a una amiga que hacía tiempo que no veía –María- y estuvimos un rato charlando en un rincón de la barra. Aquella iba más ciega que Stevie Wonder mirando al Sol y la conversación no duró mucho ni fue nada del otro mundo. También vi a Sonia que se despidió de mí con la elocuente frase “ahora te la traigo”. ¿Qué habrás dicho/hecho, maldita zorra? –Con cariño -. Proseguí por otro lado una discusión que mi rival tenía perdida desde fiestas. Sin argumentos. Las Space Girls son una caca. He dicho.

Decidimos que la mejor sala donde estar era la de comercial y allí perdí a los amigos como cuatro veces. Multitudes yo os maldigo. Pero esa sala tiene un problema: el desorbitado número de canciones de Pitbull. Menos mal que ayer había una mujer más fea que el Fary chupando un limón en el poduim restregándose como una anguila contra todo cuerpo material que se le acercase ya fuese hombre, mujer o aire indistintamente. Pudimos pasarnos media hora riéndonos de ella y comparándola con cosas en las que ahora me asusta pensar. Pobre infeliz.

Total, que la noche acabó como había empezado, en un estado entre ebrio y sobrio diciendo tonterías, contando chistes y riéndonos de terceros. Acabé cogiendo el coche y largándome de allí solo y con la risa floja. Que bien.

Y ahora una última reflexión. ¿Qué es mejor que acostarse a las cinco y pico, levantarse a las nueve como un muerto viviente, estar a treinta grados, ponerse traje, ir a misa, cargar con una peana y una imagen en una procesión a plena luz del día con cientos de personas viéndote las ojeras y con la boca más seca que los callos de las tortugas ninja? Yo te responderé, querido lector... Todo. Todo es mejor que eso.

Se feliz.

Canción del día: "Aproximación" de Pereza. Por algo que no he comentado y de lo que solo un ser humano es responsable y puede haberse dado cuenta. Muahaha. Soy un genio de la intriga.